martes, 7 de mayo de 2019

PATATAS AL HORNO

     Al igual que las migas o el arroz, las patatas al horno han sido siempre una comida muy socorrida en Moratalla a la hora de recibir invitados en casa (mejor aún si estás en el cortijo) o para celebraciones multitudinarias. Es una comida sencilla de preparar, económica y que puede dar para mucha gente si se dispone del horno adecuado. En caso contrario, también se ha llevado tradicionalmente a las panaderías del pueblo para que las cocinaran en sus hornos industriales o, si no hay muchos invitados, se han cocinado en los hornos eléctricos o de butano de la propia casa.

     Normalmente las recetas de Moratalla no son muy explícitas en cuanto a cantidades se refiere. Siempre se ha hablado en términos de "un puñado de esto", "un manojo de lo otro", "un chorro de aquello", o el típico "harina...la que admita". En este caso vamos a ir aún más allá y no vamos a decir ninguna medida concreta, porque las cantidades van a depender del tamaño del horno, de las llandas, de las preferencias de los comensales, etc. Simplemente nombraremos algunos pasos a seguir y ya cada cual que maneje la situación como Dios le encamine.


   También hay muchas variantes a la hora de hacer las patatas al horno. Se les puede echar casi cualquier cosa: carne,. pescado, verduras...incluso solo patatas, aliñadas a posteriori con un buen pegotazo de alioli. Eso ya va a depender de los gustos de cada uno. Normalmente se suelen hacer con carne (pollo, conejo, tocino, magra,... por separado o todos juntos) y con alguna verdura más (cebollas, tomates, calabacines,...)

     Como norma general, pelamos y lavamos las patatas y las cortamos en rodajas grandes. Las vamos reservando en un barreño con agua para que no se oxiden y nos ponemos a partir los trozos de carne. Echamos un buen chorro de aceite de oliva en la llanda y empezamos a colocar estos trozos, alternando patatas y carne, cuidando de que queden bien apretados entre ellos para evitar que luego se quemen o salgan muy secas. 

     Una vez colocados los ingredientes principales se les añade unos trozos de tomate, cebolla o alguna otra verdura a gusto del consumidor, como hemos mencionado antes. A continuación las remojamos por encima con otro buen chorro de aceite (esto ha sido lo tradicional en tiempos antiguos, pero hoy en día, si queremos hacerlas un poco más dietéticas, les podemos poner en vez de esta segunda tanda de aceite, unos chorros de cerveza), luego se espolvorea todo con sal y un poco de pimienta (hay quien también les pone un poco de pimentón para darles color, pero ojo, si este se quema, el conjunto va a amargar). Luego les vamos intercalando unos dientes de ajo sin pelar y unas almendras crudas, también sin pelar.

     Ponemos el horno a unos 200º y las metemos para adentro. Cuando lleven unos veinte minutos, podemos dejar que baje la temperatura a 180º o incluso algo menos. Vamos vigilando cada cierto tiempo para asegurarnos de que no se queman y, en caso de que nuestro horno sea de dos pisos y hayamos metido varias llandas, les vamos alternando la posición para que todas ellas se hagan por igual. Recordad quer más vale que se hagan despacio, a fuego lento, aunque tarden más de lo previsto, a que se quemen y no nos sirvan para nada. La espera siempre la podremos hacer más llevadera tomándonos unas cervezas y alguna tapa tradicional, para no perder mucho el tiempo.

     Una vez que las saquemos, debemos servirlas cuanto antes para evitar que se pongan "zapateras". Las acompañaremos con unos buenos pegotazos de alioli y cerveza o vino a manta. Por la tarde es probable que tengáis que beber mucha agua o incluso tomaros un puñado de bicarbonato para barajar la explosiva mezcla en el estómago, pero...palos con gusto, ya se sabe.

    ¡ Buen provecho!

 

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